Hay cierta adoración de mi parte con esto de tomar un retiro de escritura. Es como si fuese un estilo de aventura en el que me adentro en el mundo de la historia donde su creadora he sido yo. Si nos sentimos motivados y satisfechos y llenos de emoción al escribir una hora o dos en un día donde durante la semana no lo hemos podido hacer, imagina cómo uno se siente al terminar un retiro donde se escribió por aproximadamente cinco horas.
Amo escribir y me gustaría todo el tiempo dedicarme a hacerlo. A crear las tramas, los conflictos, a adentrarme en la mente de los personajes y los villanos, a confeccionar el mundo donde los sucesos ocurrirán. Pero la vida se compone no solo de dedicarle tiempo a lo que uno ama con pasión, sino también a otros aspectos que nutren nuestra existencia, nuestra espiritualidad, nos dan recuerdos, nos educan…
Por más que desee solo escribir, no lo puedo realizar todo el tiempo. Adoro, entonces, lo que los retiros de escritura me ofrecen: ese tiempo extenso para estar en mi historia, estar con los personajes, estar en su mundo, vivir los conflictos y ampliarlos, imaginar lo que va a ocurrir y ponerlo en el papel.
El pasado sábado, 16 de mayo junto a la escritora que se registró para el retiro pudimos hacer eso: adentrarnos nuevamente en esa historia que cada una trabajabamos. Ella me contó lo que iba a trabajar, una hermosa historia que necesitaba ese tiempo enfocado para esos toques que ella necesitaba darle y le dio.
Yo, para contarte de mi experiencia, me adentré a…
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